Encuentro de Pastoral de Liceos Coreduc

El objetivo general de los encuentros pastorales surge de la declaración de principios de los proyectos educativos de los colegios de la Corporación Educacional de la Construcción: el origen divino de la persona humana, su capacidad de crecimiento interior y de la necesidad formativa en el ámbito espiritual, de la cual los liceos asumen su rol organizando pastorales al interior de sus unidades, y en particular este encuentro que busca y procura que los jóvenes vivan una experiencia de la fe que les permita reconocer su propia dignidad y la de la comunidad en la que está inserto, y lo forme como persona íntegra al servicio de la sociedad y del país.

Año 2016
VIII Encuentro Pastoral Coreduc
“El Rostro de la Misericordia”

Misericordia_2017

 

Días: 9 -10 -11 de mayo
Lugar: Casa Loyola – Padre Hurtado
Establecimiento organizador: Colegio Elisa Valdés

AÑO SANTO DE LA MISERICORDIA
A través de la Bula “Misericordiae Vultus” (El Rostro de la Misericordia=MV) el Papa Francisco nos ha convocado a celebrar el Jubileo de la Misericordia para dar gracias al Señor por este don e incorporarlo con más decisión y profundidad en nuestra vida personal, familiar, social y eclesial. Si dejamos que el Espíritu Santo nos transforme en testigos de la misericordia estaremos mejorando la calidad de nuestra evangelización en un mundo tan marcado por la indiferencia, el maltrato, la violencia, los atropellos a la dignidad de las personas y estaremos sembrando nuevas semillas del reino de Dios.

Este año 2016 ha sido instituido por el Papa como un “Año Santo Jubilar de la Misericordia”. El Año Santo Jubilar es un tiempo de gracia para experimentar con alegría la misericordia de Dios en nuestras vidas e irradiarla en nuestro entorno. Dice el Papa: “es mi deseo que el Jubileo sea experiencia viva de la cercanía del Padre, como si se quisiese tocar con la mano su ternura, para que se fortalezca la fe de cada creyente y, así, el testimonio sea cada vez más eficaz” (Carta del Papa Francisco a Monseñor Fisichella, encargado de la promoción del Año Santo de la Misericordia). Es una invitación a vivir la Misericordia siguiendo el ejemplo del Padre; que pide no juzgar ni condenar, y amar sin medida.

¿Qué es la Misericordia?
Dice el Papa que “el misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra” (MV n. 1). Y agrega: “Misericordia es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia es la vía que une a Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado” (MV n.2).
El Antiguo Testamento canta las misericordias del Señor particularmente en los salmos (103; 146; 147; 136) y en Jesús se revela plenamente la misericordia del Padre. Dice el Papa que “lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales” (MV n. 8 y 9).

El Perdón y la Indulgencia
El perdón de los pecados es “la expresión más evidente del amor misericordioso” de Dios Padre. Por eso Jesús se acerca a los pecadores, come con ellos y cuando ve su arrepentimiento sincero pronuncia sus palabras de perdón: “Tus pecados te son perdonados” (Lc. 7,48).
El Año Santo es, pues, una ocasión propicia para hacer un camino de conversión: reconocer los propios pecados, arrepentirse, y recibir el perdón de Dios, principalmente a través del Sacramento de la Reconciliación. Este proceso se expresa simbólicamente cruzando la Puerta Santa que nos hace pasar del país de las tinieblas en que nos tiene sumidos el pecado al país de la luz y la libertad que nos regala el perdón de Dios.
El Sacramento de la Reconciliación perdona todos los pecados pero “la huella negativa que los pecados tienen en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece”. La indulgencia aminora o borra esta huella cuando realizamos determinados actos que liberan al pecador perdonado “de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, crecer en el amor más bien que recaer en el pecado” (MV n. 22). Las condiciones para ganar la indulgencia son: la confesión, la comunión, la peregrinación a los templos jubilares y la oración por el Papa.

Parábola del Padre Misericordioso
Lucas 15:11-32 La Biblia de las Américas (LBLA)

11 Jesús dijo también: «Un hombre tenía dos hijos. 12 El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde”. Y el padre les repartió sus bienes. 13 Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. 14 Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. 15Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. 16 Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. 17 Entonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! 18 Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; 19 ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. 20 Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. 21 El joven le dijo: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo”. 22 Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 23 Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, 24 porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado”. Y comenzó la fiesta.
25 El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. 26 Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. 27 Él le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo”. 28 Él se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, 29 pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. 30 ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!”. 31Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. 32 Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”».